Fueron a apagar un incendio y se encontraron con que el humo era del asado

“Nos llamaron por un incendio en el Atomo, pero parece que eran ustedes”. El bombero miró para al grupo de diez o doce personas que tenía enfrente, giró su cabeza hacia la izquierda, mirando dos parrillas donde se asaban varios pedazos de carne y luego hacia su derecha, donde se encuentra un supermercado.

La situación, cómica para algunos, mientras que para otros no tanto, ocurrió el viernes por la noche, cuando una autobomba de los bomberos voluntarios de Godoy Cruz llegó con las sirenas encendidas hasta Perito Moreno y General Paz de ese departamento del Gran Mendoza. Allí hay un supermercado por el cual los habían alertado, pero al llegar se encontraron con otra situación totalmente diferente y casi bizarra.

Nada es lo que parece

Llegó preparado para apagar un incendio. Parecía salido de una película. Al ser casi medianoche, el bombero, al no ver fuego en el supermercado, decidió ingresar a un predio que se encuentra a la derecha del supermercado. En el lugar hay tres canchas de fútbol 5 y en ese momento, un grupo de personas estaban haciendo un asado, tras su obligado fútbol de los viernes.

Lo vieron llegar, tenía su cara cubierta, el casco puesto y la clásica campera que los identifica. En la cabeza de los jugadores amateurs se cruzó una sola idea: “Nos viene a decir que tengamos cuidado con el fuego por el viento Zonda”.
De hecho, hacía unos quince minutos habían bajado las primeras ráfagas de viento sobre Godoy Cruz, pero hasta ese momento, el mayor “peligro” que pensaban que sufrirían es que la carne de la parrilla se llenara de tierra.

Incrédulos de lo que pasaba

“Nos llamaron por un incendio en el Atomo, pero parece que eran ustedes”. Fueron las únicas palabras que dijo el bombero, medio segundo después de bajarse esa especie de bufanda que cubría su rostro.
Lo dijo casi indignado, con resignación. No tanto por quedarse sin apagar un incendio, sino por haberse movilizado por una llamada falsa. Enfrente, lo miraba un grupo de hombres, casi incrédulos por la situación, casi sin saber que decir. Lo único que uno de ellos atinó a hacer fue invitarlo a quedarse a comer algo.

El bombero no dijo nada. Él también se veía algo confundido. Dio medio vuelta y se comenzó a alejar hacia donde estaban sus compañeros. Ellos también se encontraban ya casi resignados. Miraban por el portón del supermercado, sospechando que se habían movilizado para nada. Mientras tanto, otros curiosos, poseídos por la atracción y el morbo de un posible desastre, preguntaban qué era lo que estaba ocurriendo y donde era el incendio.

Dos minutos después, la misma situación, pero ya no era un bombero, o tal vez sí, pero este ya se encontraba vestido de civil. Se acercó a los improvisados jugadores, observó la parrilla y prácticamente explicó lo mismo que su compañero. Se había acercado a confirmar un incendio que nunca existió y un par de asados que quedarían esa noche como el principal sospechoso. Finalmente se alejó, mientras que por radio descartaba la novedad. Cinco minutos después la autobomba se alejó. Eso sí, lo hizo con las sirenas encendidas como en cualquier otra emergencia. (UnoMendoza).-

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Publicado el 19 Jun 2017 en NACIONALES. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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