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El piloto del avión reportó “fallas eléctricas”. No obstante, la falta de combustible se erige así como la principal hipótesis. Le habría jugado en contra otro factor circunstancial que impidió que el avión llegue a destino.

Es poco lo que se sabe hasta ahora sobre las causas del accidente en el que murieron ayer los jugadores del club Chapecoense de Brasil. Pero las autoridades aeronáuticas colombianas ya indicaron que el piloto del avión Bae Avro RJ85 reportó “fallas eléctricas” antes de estrellarse cerca del aeropuerto de Medellín. Sin embargo, los especialistas coinciden en que es poco probable que esa haya sido la causa principal del accidente. La falta de combustible se erige así como la principal hipótesis.

“Este tipo de avión tiene cuatro motores y cuatro generadores eléctricos, y cada uno de esos circuitos está duplicado para el caso de que alguno no funcione. Así que una falla eléctrica no puede provocar la caída del avión. En todo caso el inconveniente surge si hay humo o fuego a bordo derivado de una eventual falla eléctrica. Pero aparentemente el avión tampoco está quemado”, explicó a La Nación el piloto Guillermo Masnata, secretario de Seguridad de la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas (APLA).

En un análisis preliminar sobre las eventuales causas de la caída del avión, el director de Aeronáutica Civil de Colombia, Alfredo Bocanegra, mencionó como dato llamativo que ni en el lugar del impacto ni en ninguno de los cuerpos “había huellas de combustible”, por lo que especuló con la posibilidad de que la nave se haya quedado con sus tanques vacíos.

n este sentido, el secretario de Seguridad de la APLA explicó cuáles son los protocolos habituales. “Según las normas internacionales, cuando el avión despegó de Santa Cruz de la Sierra en Bolivia tenía que tener combustible suficiente para llegar a su destino, Medellín; viajar eventualmente a un aeropuerto alternativo, como podría ser Cali, y una reserva extra para otros 30 minutos más de vuelo. Por eso resulta muy sospechoso que no haya rastros de combustible en el lugar del impacto”, explicó Masnata.

Agregó también que, a diferencia de los aviones más modernos, esta nave del año 1999 no cuenta con dispositivo para que el piloto descargue en el aire el combustible como medida preventiva para evitar incendios o explosiones ante la inminencia de un aterrizaje forzoso.

Aunque la investigación recién comienza, tanto Bocanegra como Masnata pusieron la mirada entonces en eventuales fallas de los controles aeronáuticos sobre la nave en Bolivia antes de su despegue. “No tenemos conocimiento detallado de que los protocolos bolivianos sean tan rigurosos como los que se aplican en otros países”, dijo Bocanegra.

Se habría quedado sin combustible

Mientras los peritos revisan las dos cajas negras que se secuestraron en el lugar del desastre aéreo, a más de 24 horas de la tragedia que se cobró la vida de 71 personas y dejó a otras seis en grave estado de salud, son varios los indicios que apuntan a que la caída del avión que llevaba a Colombia a la delegación del equipo brasileño de fútbol Chapecoense se produjo por un motivo insólito: se habría quedado sin combustible.

A partir de esta hipótesis, que aguarda ser corroborada con el análisis judicial, se indica que en caso de haber sido así hubo una falla grave a cargo de la tripulación, que debió haber aterrizado en Bogotá para recargar combustible antes de intentar ir de manera directa ir hacia el aeropuerto José María Córdova, de la población de Rionegro.

Hay varias pruebas de que la falta de combustible fue determinante: en primer lugar, las características del accidente, pues no hubo explosión al momento del impacto con tierra. Los restos de la nave quedaron destruidos por el impacto, pero no se registró incendio”, citó ayer el diario colombiano El Tiempo.

En ese sentido, se agregó que a esta falta de previsión le jugó en contra otro factor aleatorio: un segundo avión que viajaba desde Bogotá hacia San Andrés también el lunes a la noche recibió un alerta que le indicaba que debía aterrizar en Rionegro cuanto antes, lo que obligó a las autoridades del control aéreo a retrasar el arribo del avión en el que viajaba el Chapecoense, que estaba a sólo seis minutos del aeropuerto.

Según la línea aérea Viva Colombia, a la que pertenece el avión que aterrizó en Rionegro, esta aeronave nunca se declaró en emergencia y la tripulación sólo se ciñó a las indicaciones de la torre de control.

Además, alrededor de las 21.30 del lunes -hora colombiana-, “al menos cuatro vuelos coincidieron en los cielos de Medellín”.

“Según varias fuentes, y siguiendo los protocolos, la torre privilegió el aterrizaje del avión de Viva Colombia, el cual había reportado una situación anormal de vuelo. La instrucción para los otros aviones fue sobrevolar la zona, y el vuelo chárter -que hasta ese momento no había reportado emergencia- fue asignado a sobrevolar por encima de los 21.000 pies, lo que indicaba que una vez aterrizada la aeronave de Viva Colombia no tendría el primer turno para buscar pista, sino el tercero o cuarto”, agregó el diario colombiano.

Al respecto, minutos después el piloto del vuelo de la empresa boliviana Lamia Corporation, que llevaba a la delegación del Chapecoense, se habría comunicado con la torre para pedir celeridad, ya que dijo que se estaba quedando sin combustible. Este diálogo aún no fue confirmado por las autoridades colombianas.

Sin embargo, de acuerdo con este relato, recibió una respuesta afirmativa para que iniciara el descenso de inmediato, aunque no llegó a tiempo.

En ese sentido, el excomandante brasileño Carlos Camacho, especialista en desastres aéreos, dijo ayer que hay grandes posibilidades de que la tragedia se haya tratado de un error de cálculo del piloto.

Agregó que la nave tiene combustible para recorrer 2.965 kilómetros y que el trayecto previsto era de 2.984 kilómetros, por lo que debió hacer una recarga antes de intentar un vuelo directo.

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